Habitar el Misterio: Infancias, imaginación y subjetividad.
Palabras clave:
Asombro, Misterio, Imaginación, Tiempo del corazón, Travesía, Custodia, Constitución subjetiva, ComunidadSinopsis
“Yo creo que la imaginación es la herramienta singular más útil que posee la humanidad. Deja atrás al pulgar oponible. Puedo imaginar la vida sin mis pulgares, pero no sin mi imaginación (...) Los niños tienen imaginación desde un principio, como tienen cuerpo, intelecto, capacidad lingüística: todas cosas esenciales para constituir su humanidad, cosas que necesitan aprender a utilizar, y a utilizar bien. La instrucción, el entrenamiento y la práctica relativas a ella deberían empezar en la primera infancia y continuar durante toda la vida. Los humanos jóvenes necesitan ejercitar su imaginación como necesitan ejercitar todas las capacidades fundamentales de la vida, en un sentido físico y mental: por el bien del crecimiento, la salud, la competencia, la alegría. Esa necesidad continúa mientras la mente sigue viva”
—Ursula K. Le Guin, «Las instrucciones de uso», en Contar es escuchar
La primera infancia habita una paradoja. Mientras constituye uno de los momentos más intensos en la formación de una persona, con frecuencia queda atrapada en la idea de una etapa de preparación para la escolaridad, un tiempo orientado a desarrollar competencias, a adquirir aprendizajes o alcanzar los requisitos del siguiente nivel educativo. En ese recorrido suelen quedar en los márgenes experiencias que pertenecen al corazón mismo de la vida infantil: el juego, la imaginación, el cuerpo, el asombro, el misterio y la creación de mundo junto a otras personas.
Desde hacía varios años acompañaba, como psicóloga, la vida cotidiana de un preescolar bilingüe de la ciudad de Cali. Allí, maestras, artistas, directivas y profesionales de distintas disciplinas compartíamos una misma inquietud: crear un lugar donde esas experiencias ocuparan el centro de la vida escolar. El juego, la imaginación y el asombro dejaban de ser recursos para favorecer el aprendizaje, y recuperaban su condición de experiencias constitutivas de la infancia, capaces de participar en la manera como una niña o un niño llega a habitar el mundo.
De esa búsqueda nacieron preguntas que desbordaron los límites de la escuela: ¿Qué acontece cuando una comunidad concede tiempo al juego, a la imaginación, al cuerpo, al asombro y al misterio? ¿Qué formas de subjetividad florecen allí donde las preguntas encuentran hospitalidad y el deseo de comprender orienta la experiencia?
Estos interrogantes acompañaron mi investigación de maestría en Psicología Clínica. Terranova fue el nombre de la travesía que emprendimos una comunidad de niñas, niños y personas adultas para explorarlos. Durante dos años los personajes de los cuentos desaparecieron, llegaron cartas escritas desde un árbol, unas semillas reclamaron cuidado, los Hombres Grises amenazaron la imaginación y un bosque entero comenzó a poblarse de refugios, mapas, obras de arte, conjeturas, conversaciones y expediciones.
Allí comenzó a revelarse una intuición que sigue habitando estas páginas: la constitución subjetiva encuentra una de sus expresiones más profundas en los mundos simbólicos que una comunidad crea, habita, cuida y transmite.
La escritura de la tesis puso un punto final a la investigación, mas Terranova siguió apareciendo. Regresaba a la clínica con las infancias y las juventudes. Aparecía en la formación de profesionales de la primera infancia, en la psicología analítica de Carl Gustav Jung, en el Movimiento Auténtico y en las conversaciones con maestras y maestros. Las escenas continuaban revelando relaciones que durante la investigación apenas se insinuaban. Terranova conservaba la vitalidad de las imágenes que siguen desplegando sentido cada vez que vuelven a ser habitadas.
Esta bitácora nace de ese regreso y busca entretejer las voces que me han poblado. Vuelvo a caminar una experiencia que permaneció viva mientras otras lecturas, otros encuentros y otras prácticas iban ampliando su horizonte de comprensión. La clínica, la psicología analítica, el Movimiento Auténtico, la filosofía, la formación de educadoras y educadores y los encuentros cotidianos con las infancias fueron iluminando senderos que esperaban nuevas preguntas para hacerse visibles. Todas estas voces se reúnen alrededor de una misma historia porque la experiencia fue llamándolas una a una. Jung conversa con Winnicott; Lévinas encuentra a Bachelard; Stern, Rolnik, Freire, Arendt, Levin, Barrena, Calmels y muchas otras presencias llegan cuando la travesía las convoca. Sus voces amplían una conversación que comenzó mucho antes, mientras una comunidad seguía las huellas del misterio.
Habitar el misterio comparte esa conversación. Recorre una experiencia que permitió reconocer la potencia constitutiva de la imaginación cuando encuentra tiempo, comunidad y hospitalidad. Defiende una escuela donde el juego conserva su espesor simbólico, el cuerpo participa del pensamiento, el asombro organiza el deseo de comprender y el misterio continúa ofreciendo nuevos sentidos para la vida compartida.
Terranova dejó de ser el nombre de una travesía vivida en un preescolar. Con el tiempo comenzó a nombrar una forma de mirar la infancia, una manera de habitar el mundo y una confianza profunda en la imaginación como fuerza creadora de realidad. Esta bitácora nace de ese regreso. Cada página continúa la travesía y ofrece al misterio una nueva oportunidad para seguir revelando sus mundos.
Capítulos
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Bitácora del regreso
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Antes de entrar en terranova
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Capítulo IEl llamado a la travesía
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Capítulo IITerranova
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Capítulo IIIEl mundo como indicio
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Capítulo IVEl secreto de las estatuas
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Capítulo VEl nacimiento del poder dorado
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Capítulo VIEl tiempo del corazón
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Capítulo VIILa subjetividad como travesía
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Agradecimientos
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Voces que acompañan
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Citas
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